En esta necesidad y pena que me agobia acudo a ti, mi protector San Martín de Porres.
Quiero sentir tu poderosa intercesión. Tú, que viviste sólo para Dios y para tus hermanos, que tan solícito fuiste en socorrer a los necesitados, escucha a quienes admiramos tus virtudes.
Confío en tu poderoso valimiento para que, intercediendo ante el Dios de bondad, me sean perdonados mis pecados y me vea libre de males y desgracias.
Alcánzame tu espíritu de caridad y servicio para que amorosamente te sirva entregado a mis hermanos y a hacer el bien.
Padre celestial, por los méritos de tu fiel siervo San Martín, ayúdame en mis problemas y no permitas que quede confundida mi esperanza.
Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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San Martín de Porres Velásquez (1579–1639), conocido popularmente como «el Santo de la Escoba», nació en Lima (Virreinato del Perú). Fue hijo "ilegítimo" de Juan de Porres, un hidalgo y caballero español de la Orden de Alcántara, y de Ana Velásquez, una mujer negra liberta originaria de Panamá.
Debido a su origen mulato y a las leyes de la época, enfrentó barreras sociales desde joven. Aprendió los oficios de barbería, sangría y medicina práctica antes de ingresar a la Orden de los Dominicos en el Convento del Rosario de Lima. Debido a las restricciones raciales vigentes, comenzó como hermano donado encargándose de las tareas más humildes, en especial de la limpieza del convento. Con el tiempo, sus virtudes y entrega llevaron a la comunidad a admitirlo como hermano de velo (fraile profeso de votos solemnes).
Destacó por su profunda humildad, su vida de oración y penitencia, y un amor incondicional hacia los enfermos, pobres y marginados de Lima. Se le atribuyen numerosos milagros en vida, incluyendo bilocaciones, curaciones milagrosas y una afamada sintonía con los animales (siendo célebre la tradición de hacer comer del mismo plato a un perro, un gato y un ratón). Murió en 1639 rodeado del afecto y respeto de todas las clases sociales limeñas. Fue beatificado por el Papa Gregorio XVI en 1837 y Canonizado en 1962 por el Papa Juan XXIII.
Su festividad se celebra el 3 de noviembre, fecha de su fallecimiento. Es el patrón universal de la justicia social, de los barrenderos y de la sanidad pública en diversos países.
