miércoles, 28 de octubre de 2015

Entre tus manos


Entre tus manos está mi vida, Señor.
Entre tus manos pongo mi existir.
Hay que morir, para vivir.
Entre tus manos confío mi ser.

Si el grano de trigo no muere,
si no muere solo quedará,
pero si muere en abundancia dará
un fruto eterno que no morirá.

Entre tus manos está mi vida, Señor.
Entre tus manos pongo mi existir.
Hay que morir, para vivir.
Entre tus manos confío mi ser.

Es mi anhelo mi anhelo creciente,
en el surco contigo morir,
y fecunda será la simiente, Señor,
revestida de eterno vivir.

Entre tus manos está mi vida, Señor.
Entre tus manos pongo mi existir.
Hay que morir, para vivir.
Entre tus manos confío mi ser.

Y si vivimos, para Él vivimos;
y si morimos, para Él morimos;
Sea que vivamos o que muramos,
somos del Señor, somos del Señor.

Entre tus manos está mi vida, Señor.
Entre tus manos pongo mi existir.
Hay que morir, para vivir.
Entre tus manos confío mi ser.

Cuando diere por fruto una espiga,
a los rayos de ardiente calor,
tu reinado tendrá nueva vida de amor,
en una Hostia de eterno esplendor.

Entre tus manos está mi vida, Señor.
Entre tus manos pongo mi existir.
Hay que morir, para vivir.
Entre tus manos confío mi ser.

domingo, 18 de octubre de 2015

Señor te ofrecemos


Señor, te ofrecemos el vino y el pan,
así recordamos la Cena Pascual.

Porque sólo Tú eres bueno,
Señor, queremos cantar
tus misericordias,
¿quién podrá cantar?

Señor, te ofrecemos el vino y el pan,
así recordamos la Cena Pascual.

Sólo Tú eres nuestro auxilio,
Señor, Tú nos salvarás.
Tus misericordias,
¿quién podrá cantar?

Señor, te ofrecemos el vino y el pan,
así recordamos la Cena Pascual.

Te ofrecemos nuestras vidas,
Señor, en torno a tu altar.
Tus misericordias,
¿quién podrá cantar?.

Señor, te ofrecemos el vino y el pan,
así recordamos la Cena Pascual.

sábado, 10 de octubre de 2015

Oración para la canonización de la Beata Ana Catalina Emmerick


¡Oh, mi Salvador crucificado,
por tus santas llagas
nos has reconciliado con el Padre!

Tu Cruz es un signo de victoria y consuelo
durante la vida y en la hora de la muerte.

Los Santos, por sus palabras y ejemplos,
nos han puesto ante los ojos tu amor redentor.

Te suplicamos: glorifica a tu sierva fiel, Ana Catalina,
a quien has decorado con tus estigmas
y has hecho penetrar profundamente
en el misterio de tu vida y tu pasión.

Glorifica en ella a tu Iglesia, la madre de los santos,
con esta virgen tan probada en el sufrimiento,
abogada y auxilio en nuestra angustia.

Aumenta nuestra Fe, Esperanza y Caridad.

Santifícanos en la Verdad.

Amén.

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Ana Catalina Emmerick (1774-1824) fue una monja agustina alemana que tuvo numerosas visiones y profecías recogidas por el poeta alemán Clemente Brentano y, posteriormente, publicadas por el sacerdote Karl Schmöger. 

La más famosa de sus visiones, que relata la amarga Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, sirvió para que el actor y director Mel Gibson realizara la famosa película "La Pasión de Cristo". Según cuenta el mismo Gibson, se encontraba rezando en su despacho tratando de ser iluminado sobre el guión de su película, cuando el libro de Ana Catalina se desprendió de la librería y cayó sobre su regazo, como una señal del Cielo.

Padeció numerosas enfermedades que la mantuvieron postrada en la cama, se le manifestaron los estigmas de Nuestro Señor Jesucristo y durante años solamente se alimentó con la Sagrada Comunión y agua.

Sus visiones también han ayudado a encontrar o a reconocer numerosos lugares como la ciudad de Ur, la casa de la Virgen en Éfeso o los pasadizos del Templo de Jerusalén.

Fue beatificada el 3 de octubre de 2004 por su Santidad el Papa Juan Pablo II.

domingo, 4 de octubre de 2015

Padre nuestro, Padre de todos


Padre nuestro,
padre de todos,
líbrame del orgullo
de estar solo.

No vengo a la soledad
cuando vengo a la oración,
pues sé que, estando contigo,
con mis hermanos estoy;
y sé que, estando con ellos,
tú estás en medio, Señor.

No he venido a refugiarme
dentro de tu torreón,
como quien huye a un exilio
de aristocracia interior.
Pues vine huyendo del ruido,
pero de los hombres no.

Allí donde va un cristiano
no hay soledad, sino amor,
pues lleva toda la Iglesia
dentro de su corazón.
Y dice siempre "nosotros",
incluso si dice "yo".
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Es un himno de la Liturgia de las Horas.