miércoles, 22 de febrero de 2012

Plegaria para Radio María compuesta por San Juan Pablo II


María, orienta nuestra elección de Vida,
confórtanos en la hora de la prueba para que,
fieles a Dios y al hombre, recorramos con humilde audacia
los caminos misteriosos que tienen las ondas del sonido,
para llevar a la mente y al corazón de cada persona
el anuncio glorioso de Cristo Redentor del Hombre.


María, Estrella de la evangelización, camina con nosotros,
guía a Radio María y sé su protectora.
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miércoles, 15 de febrero de 2012

Triduo en honor de la Virgen de la Medalla Milagrosa


Por la señal de la Santa Cruz...

Acto de contrición:

Oración para todos los días:
¡Oh María sin pecado original concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos!

¡Dulcísima Reina de los cielos y de la tierra!; que por amor a los hombres te dignastes a manifestarte, a vuestra sierva Sor Catalina, con las manos llenas de rayos de luz; a fìn de hacer saber al mundo que deseas derramar abundantes gracias sobre todos los que con confianza te piden; concédeme Madre mía, que a imitación de Sor Catalina derrames en mi alma la luz necesaria para conocer mi nada y mi miseria; y lo mucho que debo a mi Padre Dios, por tantísimos beneficios, como me ha dispensado; y que cumpliendo su voluntad en esta vida; pueda gozarle en tu compañía eternamente en el cielo.

Amén.

Dios te salve María... 

Oh María sin pecado original concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos.

Dios te salve María...

Oh María sin pecado original concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos.

Dios te salve María...

Oh María sin pecado original concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos.

Primer Día:

¡Amorosísima Madre mía!, qué placer tiene mi alma, cuando considero que tantos deseos tienes en concederme vuestros favores; que no esperas otra cosa, sino que acuda a ti, para remediar nuestros males y llenarnos de vuestras gracias y dones.

Oh María, mi Madre amada, reina de la Corte Celestial, te ruego que todos acudamos siempre a ti, como nuestra única esperanza.

Acordaos,
oh piadosísima Virgen María,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que han acudido
a tu protección,
implorando tu asistencia
y reclamando tu socorro,
haya sido abandonado de ti.

Animado con esta confianza,
a ti también acudo,
oh Madre,
Virgen de las vírgenes,
y aunque gimiendo
bajo el peso de mis pecados,
me atrevo a comparecer
ante tu presencia soberana.

No deseches mis humildes súplicas,
oh Madre del Verbo divino,
antes bien, escúchalas
y acógelas benignamente.

Amén.

Oh María sin pecado original concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos.
Oh María sin pecado original concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos.
Oh María sin pecado original concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos.
 
Segundo Día:

¡Santísima Madre de Dios!, ¡Señora nuestra y mi tierna Madre!; qué consuelo tan grande siente mi corazón, cuando contempla tu imagen, como te vió Sor Catalina, con un globo en vuestras Divinas Manos, que representaba toda la tierra, y lo estrechabas sobre vuestro pecho; simbolizando así el amor que tienes a los hombres. Concédeme, ¡oh Divina Madre Eterna! ¡Oh Madre mía!, el que sepamos corresponder a tanto amor, procurando imitar vuestras virtudes. Así sea.

Acordaos...

Oh María sin pecado original concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos.
Oh María sin pecado original concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos.
Oh María sin pecado original concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos.


Tercer Día:

¡Virgen Inmaculada!. ¡Celestial Madre mía! Con qué placer llego ante tu Santísimo Altar; para contemplar tus virtudes y exponer mis penas. Qué aliento santo cobra mi espíritu, al acercarme ante tu Sagrada Imagen; donde veo representada la más profunda humildad; una modestia admirable y el resto de todas las perfecciones con que el Señor Dios te adornó.

Haz ¡Madre Santísima!, ¡Divina y Celestial Señora! ¡Reina del Clero, de los apóstoles! ¡Madre del Mesías! ¡Hija predilecta de Dios Padre! Que oigamos siempre tus maternales avisos, para que arrepentidos de nuestras culpas, e imitando vuestras virtudes; logremos la inmensa dicha de estar contigo en el cielo, por toda la eternidad. Así sea.

Acordaos...

Oh María sin pecado original concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos.
Oh María sin pecado original concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos.
Oh María sin pecado original concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos.
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Santa Catalina Labouré (1806-1876) tuvo varias visiones de la Santísima Virgen, la cual le describió cómo debía acuñarse la famosa medalla milagrosa.
Una explicación completa acerca de la medalla milagrosa puede encontrarse en la web corazones.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Oración de Jesús en la Última Cena


Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti.

Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado.

Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo.

Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar.

Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese.

He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo.

Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra.

Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti; porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado.

Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos; y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos.

Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti.
Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros.

Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado.
He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura.

Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada.

Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo.

No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno.

Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo.

Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad.

Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo.

Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad.

No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno.

Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.

Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.

Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplan mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo.

Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado.

Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos.
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Esta oración está en el capítulo 17 del Evangelio según San Juan.