jueves, 30 de diciembre de 2010

Dios clemente y misericordioso




Dios clemente y misericordioso, que muestras tu poder
salvando a tu pueblo de las cadenas del maligno,
de la esclavitud del pecado y del dominio de la muerte.

Mira a tus hijos en oración y concédeles que,
fortalecidos con tu gracia, se dispongan
a combatir el combate de la fe.

Que tu Hijo, Jescucristo, vencedor de las tentaciones,
del pecado y de la muerte, nos una en una misma esperanza
y nos ayude a perseverar juntos hasta que lleguemos
a la patria del cielo, donde reinaremos con Él.

Que vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.


miércoles, 22 de diciembre de 2010

Cuando la muerte sea vencida


Cuando la muerte sea vencida
y estemos libres en el reino,
cuando la nueva tierra nazca
en la gloria del nuevo cielo,
cuando tengamos la alegría
con un seguro entendimiento
y el aire sea como una luz
para las almas y los cuerpos,
entonces, sólo entonces, estaremos contentos.

Cuando veamos cara a cara
lo que hemos visto en un espejo
y sepamos que la bondad
y la belleza están de acuerdo,
cuando, al mirar lo que quisimos,
lo veamos claro y perfecto
y sepamos que ha de durar,
sin pasión, sin aburrimiento,
entonces, sólo entonces, estaremos contentos.

Cuando vivamos en la plena
satisfacción de los deseos,
cuando el Rey nos ame y nos mire,
para que nosotros le amemos,
y podamos hablar con él
sin palabras, cuando gocemos
de la compañía feliz
de los que aquí tuvimos lejos,
entonces, sólo entonces, estaremos contentos.

Cuando un suspiro de alegría 
nos llene, sin cesar, el pecho,
entonces -siempre, siempre-, entonces
seremos bien lo que seremos.

Gloria a Dios Padre, que nos hizo,
gloria a Dios Hijo, que es su Verbo,
gloria al Espíritu divino,
gloria en la tierra y en el cielo.

Amén.
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Es un himno de la Liturgia de las Horas

lunes, 20 de diciembre de 2010

El trabajo, Señor, de cada día


El trabajo, Señor, de cada día
nos sea por tu amor santificado,
convierte su dolor en alegría de amor,
que para dar tú nos has dado.

Paciente y larga es nuestra tarea
en la noche oscura del amor que espera;
dulce huésped del alma, al que flaquea
dale tu luz, tu fuerza que aligera.

En el alto gozoso del camino,
demos gracias a Dios, que nos concede
la esperanza sin fin del don divino;
todo lo puede en Él quien nada puede.

Amén.
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Es un himno de la Liturgia de las Horas.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Jesús, el dulce, viene


Jesús, el dulce, viene...
Las noches huelen a romero...
Oh, qué pureza tiene
la luna en el sendero!

Palacios, catedrales,
tienden la luz de sus cristales
insomnes en la sombra dura y fría...

Mas la celeste melodia
suena fuera...
Celeste primavera,
que la nieve, al pasar, blanda, deshace
y deja atrás eterna calma...

¡Señor del cielo, nace
esta vez en mi alma!