sábado, 29 de septiembre de 2007

Oración de Su Santidad Juan Pablo II a la Virgen de Covadonga


¡Dios te salve, Reina y Madre de misericordia!

He subido a la montaña, he venido hasta tu Cueva, Virgen María, para venerar tu imagen, “Santina de Covadonga”. Con tus hijos de Asturias y de España entera quiero hoy proclamar tus glorias y unirme a tu canto: ¡Tú eres la Sierva del Señor, nuestra Madre y Reina! Como peregrino que ansía afianzar su esperanza, vengo a este santuario, testigo de tanta fe y amor en la historia, hogar seguro, bajo tu cobijo, entre los montes, donde pusiste tu Casa y sin cesar dispensas los dones de tu Hijo.

Junto con los Pastores y fieles de esta Iglesia de Asturias, a Ti, que eres dulzura y esperanza de cuantos te imploran, te pido el don de la esperanza que ilumina el futuro, el gozo perenne de la fe, el ardor radiante de la caridad. Ayúdanos a vivir en comunión sincera, sabiéndonos Iglesia de Dios, hermanos de Cristo e hijos tuyos, para dar testimonio de unidad y reavivar en nuestro pueblo la fe. Te pido, Señora, desde este corazón de Asturias que es tu Cueva, por todos los que invocan tu nombre en tantos otros templos, que esparcidos en la geografía del Principado, son faros de fe, santuarios donde brota el fervor de la esperanza, morada tuya donde tus hijos se reúnen en torno al altar.

Quiero presentarte y poner ante tu pies, Virgen de Covadonga, a todos tus hijos de Asturias, las gentes del campo y los hombres del mar, los mineros con su duro e inclemente trabajo, los niños y los ancianos, los enfermos y todos los que sufren en el cuerpo y en el alma, las familias, y sobre todo, los jóvenes, promesa del futuro, que buscan la razón y el sentido de su vivir. Alcanza para todos de Dios, “rico en misericordia”, con tu poderosa mediación maternal, la gracia del perdón y de la reconciliación que Cristo tu Hijo nos ha merecido para vivir en paz con Dios y con los hermanos.

Protege, Virgen Santa de Covadonga, a cuantos vienen hasta tu templo santo para unirse en matrimonio bajo tu mirada maternal. Haz que experimenten como los esposos de Caná, la gracia de tu intercesión y la presencia salvadora de tu Hijo, para que la fe cristiana sea fundamento inquebrantable de su hogar y el amor verdadero fortalezca su unión y se abra fecundo a la vida. Mira, Madre de Asturias, a todos los emigrantes de esta tierra que desde lejos vuelven sus ojos hasta este santuario, en espera de poder regresar a su patria y contemplar tu rostro que atrae los corazones e irradia luz y paz.

“Santina de Covadonga”, “causa de nuestra alegría”, ilumina a cuantos llegan a estas montañas para que reconozcan, en medio de tanta belleza, a Quien “yéndolas mirando, con sola su figura, vestidas las dejó de su hermosura”, y así se dejen atraer por la bondad y belleza del Creador que hizo de Ti el vértice de la hermosura humana y divina. Suscita, Madre de Asturias, entre los hijos e hijas de las familias cristianas vocaciones de apóstoles y misioneros: nuevos sacerdotes, religiosos y religiosas, personas consagradas y seglares comprometidos, al servicio del Reino y de la civilización del amor. Haz que, hoy como ayer, los hijos de Asturias sigan a tu Hijo por el camino de la santidad y siembren la semilla del Evangelio desde aquí hasta los confines de la tierra.

Madre y Maestra de la fe católica, haz que Covadonga siga siendo, como antaño lo fue, altar mayor y latido del corazón de España. Y a quienes te cantamos como “la Reina de nuestra montaña” y a todos los hermanos que peregrinan por los senderos de la fe, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre, que nos ofreces siempre como Salvador y Hermano nuestro.

¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

Amén.
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Esta oración fue elevada a los Cielos por Su Santidad el Papa Juan Pablo II en su visita a la Cueva de la Virgen de Covadonga en Asturias (España), el lunes 21 de agosto de 1989.

viernes, 28 de septiembre de 2007

Oración a Nuestra Señora de Guadalupe

Madre Santísima de Guadalupe. Madre de Jesús, condúcenos hacia tu Divino Hijo por el camino del Evangelio, para que nuestra vida sea el cumplimiento generoso de la voluntad de Dios.

Condúcenos a Jesús, que se nos manifiesta y se nos da en la Palabra revelada y en el Pan de la Eucaristía.

Danos una fe firme, una esperanza sobrenatural, una caridad ardiente y una fidelidad viva a nuestra vocación de bautizados.

Ayúdanos a ser agradecidos a Dios, exigentes con nosotros mismos y llenos de amor para con nuestros hermanos.

Amén.

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En este blog también se puede encontrar la Oración a San Juan Diego y la Oración por las víctimas del aborto a Nuestra Señora de Guadalupe (oración por los Santos Inocentes de nuestros días).

sábado, 22 de septiembre de 2007

Señor mío Jesucristo (Acto de contrición según la tradición española).

Señor mío Jesucristo,
Dios y hombre verdadero,
Creador, Padre y Redentor mío.

Por ser Tú quién eres, Bondad infinita,
y porque te amo sobre todas las cosas,
me pesa de todo corazón haberte ofendido.

También me pesa que puedas castigarme
con las penas del infierno.

Ayudado de tu divina gracia
propongo firmemente nunca más pecar,
confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.

Amén.

martes, 11 de septiembre de 2007

Oración a Santa Bernadette Soubirous

¡Oh bienaventurada Bernardita!
Acuérdate que la Virgen te dijo en la Gruta:
"Ruega por los pecadores", para que se conviertan
y hagan penitencia.
Ruega por mí, pecador,
para que Dios perdone mis pecados.
Ruega por mí a María Inmaculada,
pues confío en que te concederá cuanto la pidas,
porque fuiste su confidente en la Gruta de Lourdes.
Así como Ella te prometió "hacerte feliz en el otro mundo",
te concederá que hagas felices
a los que devotamente acudan a ti.
A ti, pues, acudo humildemente,
suplicándote no me dejes ni me abandones
hasta verme contigo en el cielo.
Amén.

viernes, 7 de septiembre de 2007

martes, 4 de septiembre de 2007

Acordaos (oración de San Bernardo)

Acordaos,
oh piadosísima Virgen María,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que han acudido
a tu protección,
implorando tu asistencia
y reclamando tu socorro,
haya sido abandonado de ti.

Animado con esta confianza,
a ti también acudo,
oh Madre,
Virgen de las vírgenes,
y aunque gimiendo
bajo el peso de mis pecados,
me atrevo a comparecer
ante tu presencia soberana.

No deseches mis humildes súplicas,
oh Madre del Verbo divino,
antes bien, escúchalas
y acógelas benignamente.

Amén.